Soluciones mágicas
Qué lindo sería poder tener una varita mágica que solucionara nuestros inconvenientes, que nos transportara a nuestro mundo ideal, que le diera a nuestro cuerpo la forma que queremos, que decorara nuestra casa como soñamos, que nos mantuviera sanos, fuertes, hermosos durante años.
Qué lindo sería que todo se presentara en forma espontánea, sin requerir esfuerzos, trabajo, preocupaciones, desvelos.
¿Sería lindo?
Claro que sería lindo en tanto y en cuanto nuestro estado emocional lo acompañara. Si internamente disolvemos los conflictos, nos mantenemos felices, despreocupados y confiados, por supuesto sería hermoso.
En realidad, en ese estado, vivimos la vida como si tuviéramos la varita mágica realmente. Las cosas se dan, todo fluye, y al principio sorprende que todo salga bien…hasta que se hace costumbre.
El gran inconveniente no es no tener la varita mágica.
El gran inconveniente es seguir esperándola.
El gran inconveniente es seguir buscando culpables o responsables fuera de nosotros, creer que el camino del compromiso no sirve, y seguir buscando resultados sin disfrutar de los procesos.
Compramos el polvo para la sopa instantánea, sin dejarnos tiempo para experimentar el ir al negocio, elegir la verdura, sentir su aroma, lavarla, pelarla, disfrutar de las diferentes texturas, e ir dándole forma mientras el agua se va calentando lentamente en la olla.
Queremos recibirnos sin aprender a tolerar la incertidumbre que todo aprendizaje genera, sin apreciar las dudas que nos surgen en el camino, sin aguantar la falta de certeza de si realmente estamos haciendo lo que nos gusta de verdad.
Las publicidades del “Llame ya” son tan tentadoras… ¡y venden tanto!
Tomate este polvito y adelgazá…
Cuando en realidad es la responsabilidad con nuestro propio cuerpo, la comida sana, el no a la indulgencia desmedida, el ejercicio físico, lo que nos va a mantener flexibles, llenos de energía y en contacto amoroso con nuestro cuerpo.
Se venden cantidades enormes de aparatos para ejercicios que nunca se usan y juntan polvo debajo de la cama, cuando en realidad el compromiso con una rutina de cuidado físico y respeto por nuestro cuerpo son lo único que sirve. También salimos a comprar urgentemente cremas mágicas anti-celulíticas usadas sólo a partir de octubre, cuando se acerca el verano, con la esperanza de tapar o de que se elimine rápido antes de ir a la playa lo que no se cuidó durante los meses anteriores, y cuando tampoco se prestó atención a la alimentación, el movimiento, o la salud durante todo el año.
La desesperación por cursos acelerados, cuando los procesos de transformación requieren de atención, maduración, crecimiento y tiempo. Los aprendizajes son rápidos, en tanto y en cuanto les dediquemos lo mejor de nosotros, tengamos a alguien comprometido sosteniéndonos por un tiempo, y después de a poco nos vayan soltando la mano, para que sintamos cómo es caminar solos, sin dependencias.
Esperar que el gobierno solucione todo, que la escuela les brinde a nuestros hijos todo lo que deben saber, que la salud llegue y se mantenga por arte de magia, que nuestras casas estén limpias y prolijas aunque nosotros no hagamos nada para que así sea…es una gran falacia.
No es la situación externa, no es lo que heredamos, no es la combinación de los astros, no son las relaciones internacionales, no es dónde ni cómo nacimos, no es lo que nos dieron o no nos dieron, sino una decisión interna y sabia de darnos cuenta y tomar las riendas de nuestras vidas. Lo externo influye, por supuesto. Hay muchos factores que nos afectan, como por ejemplo, los mencionados anteriormente. Sin embargo, se requiere de nosotros, y sólo de nosotros, para dejar de creer en soluciones mágicas y empezar a creer en la magia verdadera.
La magia verdadera es ver que algo es posible, siempre y cuando lo decidamos y nos comprometamos con eso, y estemos dispuestos a pasar por la incomodidad, el dolor, o lo que haga falta (y hasta tal vez ni haga falta).
La magia verdadera es crear y creer.
La magia verdadera es darnos cuenta de que para vivir, no hay nadie a quien pedirle permiso.
La magia verdadera es saber que sólo nosotros decidimos qué hacer con nuestras vidas, aunque tomemos en cuenta a los que la viven con nosotros….
La consigna para esta semana es pensar en qué cosas nos distraemos, buscando e infantilmente creyendo en esas soluciones mágicas, en esa aparente adicción a lo falso, cuando lo verdadero está acá, sí, acá, bien adentro de nosotros.
Espero leerte….
Un muy cálido abrazo de Madre
Laura
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